Thursday, March 16, 2017

Hay alternativas para el puerto en Corozal


El área de Corozal a orillas de la entrada sur del Canal de Panamá se ha convertido en un botín para diferentes sectores de la clase dominante panameña  y sus socios en el extranjero. Su vecindad con el puerto de Balboa hace que se especule en convertirlo en una extensión de esa facilidad. El grupo que se adueñe de las 120 hectáreas haría ganancias multimillonarias.
El proyecto de puerto en Corozal que promueve la Autoridad del Canal de Panamá (ACP), empresa estatal al servicio del sector privado, iría en contra de la máxima del general Omar Torrijos quien señaló que lo conquistado en las luchas generacionales tenía que beneficiar al pueblo panameño. La posición geográfica de Panamá ha sido asaltada por los especuladores que utilizan el soborno para ‘disciplinar’ políticos. Demagógicamente se sirven de lo que llaman equivocadamente las ‘leyes del mercado’ (monopolio) para justificar lo que es un atraco.
Mientras que los especuladores se pelean las 120 hectáreas de Corozal, en varios países vecinos se construyen puertos para acomodar la demanda de las grandes empresas de transporte marítimo. El fenómeno denuncia la incapacidad y la poca visión de los gobernantes panameños. Esta es la oportunidad para que Panamá comience a desarrollar el país construyendo puertos en el litoral, tanto del Pacífico como del Caribe. Los puertos significarían inversiones en el interior del país que se comunicarían – a corta distancia – con el Canal de Panamá por vías férreas y otras alternativas.
Los puertos de Colón y Balboa – en los extremos del Canal de Panamá - son los más grandes de América latina. En 2014 manejaron 6.7 millones de TEU (contenedores). En 2001 ambos puertos apenas movían 1.5 millones de TEU. La ACP pronostica que sólo el puerto en Corozal estaría manejando a corto plazo 6 millones de TEU. Si los cálculos de la ACP tienen fundamento, sería un tremendo aporte a la economía del país. Pero no se puede dejar en manos de los especuladores que no le aportarían beneficios (desarrollo) al país.
Hay que quitarle el mando de la vía interoceánica, de los puertos y del país al pequeño grupo de especuladores que se turnan para gobernar en forma alternada. Invirtiendo en el interior del país todos los panameños se beneficiarían. Si Mariel (Cuba), Kingston (Jamaica), Buenaventura (Colombia) y Limón (Costa Rica) están invirtiendo más de mil millones de dólares en las nuevas facilidades portuarias, que le impide a Panamá construir puertos en su propio litoral.
Hay un obstáculo. Los especuladores no se beneficiarían tanto y las ganancias no serían inmediatas. La construcción de los puertos con la más alta tecnología en el interior requeriría un par de años. Los beneficios para el país serían inmediatas con la creación de empleos, la demanda de nuevos profesionales y el desarrollo de economías locales. En 20 años los ingresos representarían 50 mil millones de dólares. En la actualidad, los puertos en Balboa y Colón no representan ingresos para el fisco ya que sus concesionarios aseguran que sólo tienen pérdidas a pesar del movimiento récord de contenedores.
La ACP confiesa que el movimiento “adicional que vendría por la ampliación del Canal se tendría que atender en otros puertos regionales”. Si Panamá “no incrementa la oferta portuaria, las navieras tendrían que llevar sus operaciones de trasbordo a otros puertos. Esto afectaría negativamente la competitividad portuaria de la ruta panameña, con la consiguiente pérdida de ingresos potenciales”. Pero en vez de pensar en el desarrollo del país, piensan en los negocios con los especuladores.
La ACP ya tiene su plan para negociar concesiones con los especuladores. “El plazo de duración de la concesión será de 20 años con la posibilidad de renovación a opción de la
ACP hasta por 20 años adicionales”. Un total de 40 años. La ciudad de Panamá sufriría los embates ambientales del puerto en Corozal y el país no recibiría beneficio alguno.
La ACP, por probable desconocimiento, asegura que no habrá impacto ambiental debido a su capacidad para mitigarlos. Señala que “el puerto en Corozal aplicará los principios generales de un puerto verde: 1. Proteger a la comunidad de los impactos ambientales nocivos, 2. Reducir las emisiones de gases provenientes de las operaciones del puerto y 3. Emplear la mejor tecnología disponible para evitar o reducir los impactos ambientales”.
No convence. La mejor tecnología consiste en dispersar las facilidades portuaria como hicieron Barcelona, Nueva York y Ámsterdam.

16 de marzo de 2017.

Saturday, March 11, 2017

Trump: ¡Hay que comenzar a ganar guerras!


El ‘establishment’ norteamericano está encerrado en su propia trampa. Desde principios del siglo XX – si no antes – ha desarrollado una economía de guerra que aparentemente ya no puede controlar. Durante la primera mitad del siglo pasado alimentó con armas a los contendientes de la primera y segunda guerras mundiales. Fue el mejor negocio del siglo, literalmente. Todo el territorio del país de este a occidente, de norte a sur, se convirtió en un gran arsenal de guerra. Impulsó el crecimiento capitalista interno y un impresionante desarrollo social que sirvió – y aún sirve - de modelo cultural hegemónico a escala global (‘The American Way of Life’).
La segunda mitad del siglo XX se inauguró con promesas de paz y prosperidad, simbolizada con la creación de las Naciones Unidas y su declaración sobre los derechos humanos. Los agentes-políticos del ‘establishment’ norteamericano descubrieron que sin la industria armamentista en pleno apogeo la economía no crecía. De una vez buscaron y crearon un enemigo: el Estado soviético y su supuesto afán expansionista. Levantaron ‘la cortina de hierro’ en Europa e intentaron hacer lo mismo en torno a la nueva República Popular China.
Washington tuvo un enorme éxito... temporal. Las invasiones de Corea y Vietnam generaron enormes ganancias para los industriales norteamericanos (entre 1950 y 1975). La ‘Guerra Fría’ mantuvo la carrera armamentista en el primer plano gubernamental y de los medios. Al desaparecer la Unión Soviética, a diferencia del resto del mundo que pensó que habría un período de paz, el ‘establishment’ comenzó a buscar un nuevo enemigo al cual hacerle la guerra. Unos propusieron los ‘carteles de las drogas ilícitas’, otros los ‘estados fallidos’ y, finalmente, el ‘terrorismo islámico’. Después de varios lustros, se impuso en los círculos de Washington, la guerra contra las bandas de guerrilleros en el medio oriente formados por los aparatos de inteligencia de EEUU (Al Qaeda, el Estado Islámico y otros).
El ‘establishment’ propuso una guerra ‘inteligente’ (smart) para derrotar al supuesto enemigo. Era como jugar una partida de ajedrez o dominó donde la misma persona mueve las fichas de ambos lados. Sin duda, hubo bajas terribles en el esfuerzo por controlar todas las piezas del tablero: Las torres gemelas, la destrucción de Libia, Iraq, Siria y Yemen. EEUU invertía en su industria armamentista y Europa se beneficiaría con la mano de obra barata de los refugiados. El juego no salió tan bien como se esperaba.
Las protestas a escala mundial crecieron y se puso en jaque al ‘establishment’. Mientras tanto China comenzó a mostrar su nueva musculatura y Rusia pretende recuperar sus pasadas glorias como potencia mundial. En Europa también afloraron los movimientos nacionalistas financiados por los intereses de los grandes industriales que cooptaron sectores cada vez más importantes de los trabajadores. EEUU no es la excepción. Un conjunto de factores políticos inesperados catapultaron al especulador Donald Trump a la Casa Blanca.
Trump, entre otras cosas, en su campaña denunciaba las guerras ‘inteligentes’ y prometía hacer añicos a todos los musulmanes radicales – no importa donde se encontraran - a punta de bombardeos sistemáticos. En el poder, el mandatario continuó amenazando al mundo con declaraciones extremas. Anunció que EEUU ‘tenía que comenzar a ganar guerras nuevamente’.  La única manera de ‘ganar guerras’ es crearlas.
En un discurso ante el Congreso norteamericano, reunido en pleno, declaró que le iba a pedir un incremento de 40 mil millones de dólares para el presupuesto de guerra. Es decir, un total de $600 mil millones para el año fiscal de 2018. La suma invertida en las guerras superará todos los gastos sociales del gobierno. Los gastos militares representan más del 15 por ciento del presupuesto nacional. EEUU gasta más en  armas que los seis países que le siguen en orden de importancia (China, Arabia Saudita, India, Gran Bretaña, Francía y Rusia). EEUU supera 20 veces el presupuesto militar de Brasil.
¿Para que quiere tanto dinero el presidente Trump? Por un lado, tal como lo anunció en el Congreso, ya identificó al enemigo: “He ordenado al ministro de Defensa que destruya al Estado Islámico, una red de salvajes... Trabajaremos para extinguir de la faz de la tierra a este villano enemigo". Por el otro, en la Cena de los Gobernadores , Trump le prometió a cada Estado ‘de la Unión’ fuertes sumas multi-millonarias de dólares para dinamizar la industria armamentista y generar ganancias extraordinarias. El gran ganador sigue siendo Wall Street.
9 de marzo de 2017.


Thursday, March 2, 2017

Las llamadas de Trump


La semana pasada el presidente de EEUU, Donald Trump, llamó por teléfono a su contraparte panameña, Juan Carlos Varela. Varela informó que Trump lo había ‘felicitado por su gestión’, por lo ‘bien que va el país’ y que próximamente quisiera recibirlo en Washington.
Según otras fuentes, Trump también le habló a Varela sobre Venezuela. Las relaciones entre Panamá y Caracas son buenas. Todo indica, según quienes analizan la llamada, que el presidente de EEUU quiere alterar ese vínculo basado, sobre todo, en intereses comerciales. En el caso de las relaciones entre Panamá y EEUU, y con el resto de la región, en el trasfondo siempre aparece la analogía del ‘palo y la zanahoria’. EEUU puede ofrecer una ‘zanahoria’ a cambio de algún favor del país en cuestión. El favor puede ser en especie, en efectivo o, usualmente, la promesa de no usar el ‘palo’ en contra de los intereses del afectado.
Trump aún no ha planteado de manera explícita su política sobre la región latinoamericana. Sin embargo, su desprecio por los gobernantes mexicanos (y de paso el pueblo) lo expresó en su primer discurso de campaña en 2015 cuando anunció su decisión de construir una muralla. Aunque las oligarquías de toda la región latinoamericana consideran que tienen relaciones ‘especiales’ con EEUU, todas son percibidas con desdén por el ‘establishment’ norteamericano. Trump lo hace saber en forma explícita. Trump no habla sólo a nombre de él personalmente o a nombre de un sector extremo de la opinión pública, habla a nombre de la clase gobernante de ese país cuyos padres fundadores lo expresaron claramente hace casi 250 años.
Las llamadas de Trump a sus colegas en el mundo siguieron un patrón muy claro. Hay que referirse al artículo publicado por Néstor García para seguir la cronología. El patrón diseñado, probablemente, por sus asesores privilegiaron, en primer lugar, a los gobernantes de los países con raíces ‘anglo sajonas’: Gran Bretaña, Canadá, Australia y Nueva Zelandia. Seguido por Japón, el ‘honorable’ aliado de los países ‘anglo sajones’. En Africa y el medio oriente llamó a los gobernantes que están sentados sobre enormes yacimientos petroleros. Habría que agregar a India, Africa del Sur e Israel (su portaaviones en el oriente mediterráneo). En América latina, se dirigió a los países con políticas más cercanas a los intereses de EEUU. Pareciera que la intención es construir una muralla ‘política’ en torno a Venezuela. Panamá, Trinidad y Tobago, y Colombia constituyen los puntos más próximos a la patria bolivariana. También llamó al presidente de Argentina y se sentó en la Casa Blanca con el mandatario del Perú, ambos considerados como parte importante de la ‘retaguardia’ de una futura ofensiva contra Caracas.
Tuvo una conversación de una hora con el presidente ruso, Vladimir Putin, y otra más protocolar con el presidente de China.  Ha sido muy publicitada su aparente admiración por el mandatario ruso. Llamó al presidente de Francia y a la canciller de Alemania con los cuales intercambio saludos diplomáticos. También llamó los dirigentes europeos de España, Italia y Ucrania. Ignoró al resto de los miembros de la Comunidad Europea o de la OTAN.
En América latina no llamó a los gobernantes de México, Centro América, ni a países supuestamente aliados como Chile, Brasil, Paraguay y Uruguay. Tampoco hizo esfuerzo alguno para construir un puente -  aunque simbólico - hacia los países del ALBA.
La dirección que asumirá la política exterior de Trump no se basa en sus llamadas telefónicas. Pueden reflejar una tendencia. El tiene sus inclinaciones, el poderoso ‘establishment’ norteamericano tiene otras. Trump quiere asegurar la ‘contencion’ de China, la ‘alianza’ con Rusia, destruir al Estado Islámico y ‘llevarse el petróleo de Irak’, así como cobrarle lo que considera viejas deudas a Europa.
En el caso de América latina, su política se refleja en su campaña contra México que continúa a pesar de que ya ocupó la Casa Blanca hace más de un mes. Quizás centre su atención en Venezuela, por los reservas petroleras que contiene su subsuelo. Ya acusó al vicepresidente de ese país de ser un narcotraficante, sin evidencias. (Fórmula muy utilizada por Washington para deslegitimar). Tiene a la OEA como herramienta para activar la ‘Carta por la Democracia’. Necesita el apoyo del presidente Varela y de los otros mandatarios de la región para dar primero, el golpe diplomático y, después, desplegar la fuerza militar si es necesaria.
2 de marzo de 2017.


Thursday, February 23, 2017

Las maniobras oligarcas dentro de la oligarquía (II)


La crisis gubernamental panameña es difícil de resolver en la medida en que el sistema político está diseñado para que funcione una especie de ‘alternabilidad’. Fue creado por EEUU después de su invasión militar a Panamá en 1989. Se supone que las fracciones de la oligarquía son estancos cerrados y que deben reemplazarse cuando la oferta del gobernante se agota. El problema de Varela es que se agotó muy temprano: Apenas por la mitad del camino (2 años y medio de un total de 5).
Lo políticamente correcto en un sistema montado por la oligarquía, en un caso como éste, es que el gobierno busque reforzamiento entre los partidos políticos de la oposición. La fracción oligarca gobernante tendría que compartir los beneficios de su gestión con la fracción que se pasa de la oposición a las filas oficialistas. Todo indica que esta solución no es viable en estas circunstancias. Es todo o nada.
Desde hace 27 años la oligarquía panameña ha gobernado alternando el poder y excluyendo a los sectores populares. Los primeros diez años (1990-1999) fueron de ajuste económico (bajo el binomio Pérez Balladares-Chapman). Después siguieron 8 años (2000-2008) de crecimiento económico (sin desarrollo) como resultado del traspaso de la administración del Canal de Panamá y el incremento progresivo de los peajes del Canal. Los últimos 8 años (2009-2016) fueron marcados por los años de más crecimiento (ampliación del Canal) y el declive al final. El ajuste económico premió a la oligarquía – en su conjunto - y castigó severamente a los trabajadores. Estos últimos perdieron muchos empleos, vieron deprimirse sus salarios y desaparecer sus beneficios sociales.
Cada quinquenio presidencial es recordado por los enfrentamientos sangrientos entre trabajadores, empleados públicos, estudiantes, indígenas y las fuerzas del orden. La desregulación y la flexibilización, así como los tratados comerciales, han arruinado el agro y la industria. Los gobiernos oligarcas desde 1990 han pregonado la falsedad de que Panamá es un país de servicios y no debe invertir en el desarrollo económico del país. Con el discurso de la posición geográfica y ‘pro mundo beneficio’, la oligarquía cooptó a las capas medias del país y desorganizó a sectores importantes de los trabajadores.
En el período mencionado, la oligarquía panameña ha contado siempre con la permanente intervención de EEUU en los asuntos de gobernabilidad, así como en la política económica (neoliberal) del país. En 2009 intervino para resolver un pleito entre dos fracciones oligárquicas. En esta coyuntura la estructura gubernamental está tan debilitada que una intervención es muy tarde. ¿Qué puede hacer el neurocirujano-jefe (la Embajada de EEUU)? Las Fuerzas del Orden, también corruptas – parte de la estructura gubernamental - cuentan con dos destacamentos (Policía Nacional y Servicio Nacional de Fronteras) que pueden dar una sorpresa siguiendo órdenes del neurocirujano-jefe.
En la crisis actual hay sectores de las capas medias (denominadas sociedad civil), con niveles de consumo más altos que los trabajadores, que demandan un alto a la corrupción y un cambio de la ‘vieja guardia’ política. Ideológicamente, están atrapados porque no pueden luchar por un retorno al pasado (militar) ni a los discursos liberales y conservadores (agotados por la corrupción). Tampoco pueden levantar un discurso hacia el futuro que ideológicamente no pueden formular. Las capas medias son prisioneras de las promesas de la oligarquía. Agotadas éstas, la sociedad civil sucumbe ante sus propias limitaciones.
La promesa de los trabajadores también ha sido golpeada fuertemente. Hay sectores que añoran el retorno al ‘torrijismo’ u otras formas de populismo. Como todo sueño basado en el pasado es inútil, las propuestas se agotan rapidamente. Los trabajadores y sectores populares que levantan banderas ‘progresistas’ también se ven en una jaula con paredes muy angostas. Debido a la incesante propaganda – por más de un cuarto de siglo – contra cualquier proyecto que implique la construcción de un futuro que garantice bienestar social para los trabajadores, no se han podido levantar consignas que entusiasmen a la juventud.
A pesar de ello, Panamá cuenta con FRENADESO/FAD y el MIREN que son dos organizaciones político sindicales con fuerte presencia, también en sectores de las capas medias. La oligarquía panameña está conciente de esta realidad y prefiere entenderse internamente antes de cederle espacio a los sectores populares. La crisis de la oligarquía no puede resolverse con parches. Tiene que cambiar totalmente las reglas que se impuso en el período 1990-2015 o colapsa. Las alternativas no son muy claras en este momento.
23 de febrero de 2017.






Sunday, February 19, 2017

Las maniobras oligarcas dentro de la oligarquía (I)


El gobierno panameño se encuentra metafóricamente en manos de un equipo de neurocirujanos que intenta mantener al presidente Juan Carlos Varela con vida política. El mandatario panameño sufrió su primer derrame con motivo de las declaraciones de Ramón Fonseca Mora que lo asoció con el Grupo Odebrecht y los sobornos que la empresa brasileña repartió en doce países.
Fonseca Mora es el mismo abogado especializado en abrir sociedades anónimas en ‘paraísos fiscales’ bajo jurisdicción norteamericana y británica. Se hizo notorio el año pasado cuando un grupo de investigadores en la capital de EEUU, Washington, divulgó miles de archivos comprometedores de la firma Mossack & Fonseca. En la jerga periodística internacional, creada en aquel momento, el caso se denominó los ‘Panama Papers’.
Como fichas de un dominó, han ido cayendo, país tras país (un total de 12), como consecuencia del escándalo asociado a los sobornos del Grupo Obebrecht. Las declaraciones de Fonseca Mora en Panamá comprometen al presidente Varela. Según el antiguo ‘ministro consejero’ del gobierno panameñista, durante su campaña presidencial (2013-2014), Varela habría recibido dinero oculto de la constructora brasileña Odebrecht.
Era un secreto a voces que los tres últimos presidentes panameños recibirían sobornos de la empresa constructora. De igual manera, se beneficiaban de otros negocios turbios que las autoridades han sido lentas en investigar. Sin embargo, las declaraciones de Fonseca Mora obligan a las  fiscalías a realizar una investigación prolija. La Asamblea Nacional anunció que harán una minuciosa pesquisa en torno a las donaciones recibidas por el mandatario. La Asamblea se pronunció después que el presidente Varela hiciera publico su declaración de donantes.
Fonseca Mora involucró en sus declaraciones a los diputados panameñistas José Luis Varela (hermano del presidente) y Valderrama. Igualmente, mencionó al presidente de la Corte Suprema de Justicia, José Ayú Prado, a quien caracterizó como ‘manipulable’.
Varela ha estado permanentemente negociando desde una posición de relativa debilidad para conservar su capacidad para gobernar. Al principio de su gestión (julio de 2014) logró reunir una mayoría de diputados en la Asamblea haciendo diferentes tipos de concesiones. Dividió el partido Cambio Democrático (del expresidente Ricardo Martinelli, autoexiliado en Miami, EEUU). También introdujo una cuña en el Partido Revolucionario Democrático (PRD), donde otro expresidente – Martín Torrijos – sigue con aspiraciones para repetir. La suma de su bancada (16 diputados) y las otras fracciones le garantiza una mayoría de diputados.
En la Corte Suprema de Justicia, Varela nombró dos magistrados que le dieron la mayoría para re-elegir a Ayú Prado como presidente. La Autoridad del Canal de Panamá (ACP), empresa que maneja presupuestos de miles de millones de dólares y los sobre costos de otros miles de millones, producto de la construcción de la ampliación de la vía acuática, genera dividendos cuantiosos. Incluso, Odebrecht tiene contratos de miles de millones aún vigentes.
Varela, a pesar de sus debilidades en el frente político, contaba con un sólido apoyo financiero y económico. Detrás de su campaña política, que lo llevó al triunfo electoral en mayo de 2014, dicen que estaba el grupo económico que encabeza Stanley Motta. Cuenta con fuertes intereses en la Zona Libre de Colón, Televisora Nacional, Copa Airlines  y el Banco General. Sin duda, el grupo económico se benefició de su relación con el gobierno de Varela, especialmente después de la larga ‘sequía’ (2009-2014) que representó Martinelli.
Se asocia al grupo Motta con el Movimiento Independiente (MOVIN) que utiliza Televisora Nacional como megáfono para hacer su propaganda en torno a los proyectos económicos, que incluyen el proyecto de Corozal (puerto en el Canal de Panamá) y la Caja de Seguro Social, entre otros. Hace pocos meses MOVIN se distanció del gobierno, creando un vacío peligroso para la estabilidad del gobierno.
El otro grupo económico, vinculado a MEDCOM (conglomerado de medios de comunicación) que cuenta con el expresidente Ernesto Pérez Balladares entre sus filas, sufrió recientemente una derrota política en las elecciones internas del PRD. A pesar de ser menos poderoso sobre el terreno financiero que el grupo Motta, cuenta con una base social más amplia y sectores vinculados a la diezmada industria.
Por último, la tercera fracción de la oligarquía panameña de principios del siglo XXI, encabezada por Martinelli, observa activamente los traspiés de Varela para ver como ‘pesca en río revuelto’. La bancada en la Asamblea de Cambio Democrático puede convertirse en una pieza muy útil para Varela en esta coyuntura. (Sigue una segunda parte).
16 de febrero de 2017.


Thursday, February 9, 2017

El terrorismo de Occidente


La toma de posesión del nuevo presidente norteamericano, Donald Trump, nos enfrenta directamente al nuevo mundo creado por la propaganda de los gobiernos ‘occidentales’ sobre el ‘terrorismo islámico’. Recientemente, el filósofo norteamericano Andre Vltchek respondió a varias preguntas sobre el fenómeno. Es autor del libro Terrorismo occidental. El discurso de Trump sobre el terrorismo es la continuidad de una realidad impuesta por las potencias del occidente europeo, comenzando en España y culminando en Inglaterra y su hija transatlántica, EEUU.
Según Vltchek, “durante varios siglos, Occidente saqueó el mundo, militar y económicamente. Para ‘legitimar’ sus crímenes, fabricó un sistema de propaganda extremadamente complejo y eficaz, imponiendo su ‘lógica’ y sus dogmas culturales al resto del mundo. Se hizo con tanta persistencia y habilidad, que todos los demás relatos desaparecieron.
“Es una tragedia, porque varias culturas conquistadas eran claramente superiores y mucho más humanistas que Occidente. El resultado es que el desarrollo natural y lógico del mundo ha sido descarrilado, incluso aplastado. Solamente los dogmas occidentales prevalecieron, trayendo el desequilibrio, la confusión y la frustración al mundo”. 
A Vltchek se le preguntó, ¿qué piensa de los discursos de ‘guerra contra el terrorismo’ por parte de los líderes occidentales? Respondió que “el terrorismo es esencialmente lo que los imperios occidentales han utilizado contra el resto del mundo. Fíjese en el mundo musulmán: históricamente, el Islam ha sido muy progresista y socialmente orientado. La primera universidad pública, los primeros hospitales públicos – todo estaba en el mundo musulmán.
“Incluso, después de la Segunda Guerra Mundial, los países musulmanes se inclinaban hacia el socialismo. Por lo tanto, tenían que ser descarrilados, arruinados y ‘radicalizados’ por Occidente. EEUU y sus aliados destruyeron a los tres estados progresistas del mundo musulmán más importantes: Irán, Egipto e Indonesia. Luego utilizó a Afganistán y Pakistán como intermediarios en su guerra contra la Unión Soviética, destrozando a esos dos países también”.
Vltchek propone que se eche un vistazo al pasado colonial para entender el presente neocolonial. Occidente ha estado fabricando directamente el ‘terrorismo islámico’.  Tomando prestado, aparentemente, de Eduard Said, nos recuerda que ‘Occidente no puede existir sin Oriente’. Así creó un enemigo (‘los musulmanes’) - realmente poderoso - de la nada, y atormentó a todos los países musulmanes en el proceso. Recientemente, en Teherán, dos grandes filósofos me dijeron que Occidente realmente creó, en muchos lugares, una religión totalmente nueva, nada en común con el Islam”.
El filósofo se refirió al llamado ‘choque de civilizaciones’, figura utilizada por la extrema derecha norteamericana. Con la llegada de Trump a la Casa Blanca, ¿han logrado su objetivo estos sectores políticos?  “Sí, está ocurriendo, según Vltchek, pero los culpables no son sólo los neoconservadores, sino también los llamados liberales. Hay y habrá un gran choque de civilizaciones, pero ocurrirá bajo diferentes estandartes y con una lógica diferente de la que está siendo promovida por los ideólogos occidentales”.
También se le pregunto a Vltchek, ¿cómo deben las fuerzas progresistas abordar las cuestiones relativas a la identidad cultural y a los conflictos étnicos en el siglo XXI? ¿Es la visión eurocéntrica una gran trampa para aquellos que tratan de entender y cambiar el mundo? “La izquierda occidental perdió de lleno y de manera patente, responde el filósofo. La esperanza está ahora en América latina y Asia, y unos pocos países de África. La izquierda occidental, creo, debería dejar de ser ‘purista’ y apoyar lo que todavía queda en este mundo, en lugar de definir ‘quién es un verdadero marxista y quién no es’. La lucha principal ahora debe ser la lucha contra el imperialismo occidental. Conozco el mundo y estoy convencido de que si el imperialismo occidental fuese derrotado, el resto del mundo encontraría una manera de convivir pacíficamente y construir un mundo humano, mucho más amable y compasivo”.
A pesar del discurso en contra del euro-centrismo de Vltchek y su denuncia del imperialismo, se olvida que desde principios del siglo XIX la expansión de Occidente ha sido sobre el crecimiento exponencial del capitalismo. Este sistema, en la actualidad, se enfrenta a una crisis. Algunos consideran que la crisis es terminal, otros que es estructural. El capitalismo dio nacimiento a la clase obrera (asalariada) que también ha crecido (exponencialmente). En última instancia, la ‘solución final’ se producirá en el marco de la lucha entre quienes producen las riquezas (trabajadores) en el sistema capitalista y quienes se apropian de las mismas (capitalistas).
9 de febrero de 2017.


Thursday, February 2, 2017

La revista TAREAS y la corrupción en Panamá

 

En enero salió a la venta el número 155 de la revista TAREAS. La publicación cumplió 57 años ininterrumpidos de ver la luz pública cada cuatro meses. En esta oportunidad, la revista aborda temas como la constituyente y la importancia del pensamiento crítico. También trae artículos sobre la cuestión nacional: la literatura y la diversidad de género, el debate en torno al envejecimiento de la población y la cultura de los pueblos indígenas. 

A mediados del año pasado el presidente Juan C. Varela anunció que no convocaría una Constituyente tal como prometió durante su campaña electoral. El anunció decepcionó a los ‘expertos’ pero no causó sobresaltos ni comentarios por la mayoría de los sectores populares. Pareciera que el pueblo ha perdido toda esperanza, tanto en lo político como en lo socio-económico. En Tareas N° 155, el destacado abogado Carlos B. Pedreschi aborda el problema y afirma que “los cambios en el texto constitucional no producirán los efectos esperados si la constitución social - esto es, los valores cívicos, éticos, culturales, morales y políticos de los ciudadanos y de su clase política - se mantiene en niveles precarios, como evidentemente es el caso en Panamá”. Por otro lado, el historiador chileno, Sergio Grez, también se refiere al ‘proceso constituyente’ anunciado en 2015 por la presidente Michelle Bachelet. Por todo lo analizado, el historiador concluye que el “proceso se desarrollará de la manera tradicional y su resultado no será una Constitución democrática sino nuevas reformas al texto heredado de la (dictadura militar de Pinochet), frustrando una vez más las aspiraciones de la mayoría del país”.
El 2016 se celebraron elecciones en la Universidad de Panamá en el marco de la autonomía que goza esa institución académica. Triunfó el profesor Eduardo Flores quien plantea la necesidad de transformar ‘la casa de Méndez Pereira’. Tareas publica en el número 155 un trabajo del lingüista norteamericano, Noam Chomsky, que plantea la necesidad de enfrentar con valentía “el asalto neoliberal a las universidades”. Hay que detener la mercantilización de la academia. Igualmente, los sociólogos panameños, Dídimo Castillo y Azael Carrera se refieren a la necesidad de definir el papel de los intelectuales en la sociedad. Carrera destaca el pensamiento de la demógrafa panameña, Carmen A. Miró, y su posición crítica frente al neoliberalismo.
En la sección sobre Sociedad y Nación, Tareas publica la investigación de Luis Wong Vega sobre la ‘poética sexodiversa en Panamá’. Sin duda, es una incursión inédita en un terrero fértil y de gran impacto. En la misma sección, el sociólogo Alberto Valdés Tola aborda “los avatares de los adultos mayores en una sociedad capitalista que los (des)protege”. Jorge Roquebert L., a su vez, desmenuza la educación cultural bilingüe indígena en Panamá.
Se aprecia una producción científica importante el año pasado si tomamos la revista Tareas como barómetro. Sin embargo, para la mayoría de los panameños, 2016 fue un año que mejor es tratar de olvidar. Los trabajadores asalariados vieron disminuir su poder adquisitivo, la masa de trabajadores informales y precarios tuvieron que hacer esfuerzos enormes para mantener sus raquíticas economías a flote. Los pequeños y medianos empresarios, así como los productores agrícolas, terminaron el año más endeudados y con dudas sobre el futuro.
En cambio, los grandes capitalistas vieron como aumentaban sus ganancias. Este último fenómeno atrajo a toda clase de extranjeros al país en busca de una participación en lo que aparenta ser una bonanza económica.
Muchos panameños se resienten por lo que llaman la competencia desleal de los extranjeros que llegan a playas del país. Más preocupación, sin embargo, causa la desconfianza que genera la corrupción y la ineptitud de las políticas del gobierno. Casi a diario se destapan negocios ilícitos en todos los renglones económicos. El caso de Odebrecht probablemente encabeza la lista. El escándalo de los ‘papeles’ de la firma de abogados Mossack-Fonseca no se queda atrás. Pende un gran interrogante sobre Minera Panamá que dice tener una inversión de varios miles de millones de dólares en Coclesito. Así mismo, el Canal de Panamá y el puerto de Corozal se han convertido en un tinglado donde las diferentes fracciones de la oligarquía se pelean los beneficios de las políticas públicas especulativas.
En 2016 concluyó la construcción de la ampliación del Canal de Panamá con demandas de pagos por más de $3 mil millones adicionales por parte del ‘Grupo’ constructor que dejó fuertes dudas sobre su integridad.
2 de febrero de 2017