Thursday, October 19, 2017

Estamos en la última fase de desarrollo capitalista

         Enfrentamos una realidad social cambiante. Hace unos pocas décadas teníamos un economía basada en la agricultura y servicios que se prestaban a la ruta de tránsito. Las fortunas se hacían conquistando el poder político y recogiendo las migajas que repartía la posición geográfica del país. Una masa de trabajadores lograban sobrevivir de un trabajo informal en los arrabales de las ciudades de Panamá y Colón así como en las áreas rurales. Teníamos altos índices de analfabetismo y de enfermedades transmisibles. Carecíamos de un Estado capaz de definir políticas nacionales. Un sistema político inestable y subordinado a la potencia hegemónica mundial de turno.

El siglo XXI presenta un país bastante diferente al descrito más arriba. El poder político está en manos de la clase capitalista financiera y quienes dominan la ruta de tránsito (el entorno del Canal de Panamá). Todavía persiste una masa de trabajadores informales en las áreas marginales de la ciudad de Panamá. Coexiste con una clase obrera y capas medias insertas en el mercado de consumo. Los índices de analfabetismo han disminuido a casi cero y se han erradicado las enfermedades transmisibles. Los niveles educativos se estancaron y los servicios de salud colapsaron para los trabajadores informales que representan a más del 50 por ciento de la población.
Aún cuando se logró que EEUU evacuara las bases militares que rodeaban el Canal de Panamá, que levantaran las ‘estacas’ coloniales de la Zona del Canal y entregaran la vía acuática en 1999, no se cuenta con un Estado capaz de definir políticas nacionales. El sistema político sigue siendo inestable y dependiente de la potencia hegemónica.
En el siglo XX Panamá pasó por tres fases de desarrollo capitalista. El primero fue la continuación de la versión del capitalismo mercantil dependiente. Una inversión capitalista industrial muy fuerte (Ferrocarril y Canal) que reproducía formas sociales de explotación capitalista de ‘enclave’. La misma fue sustituida – a partir de la segunda guerra mundial - por el capitalismo industrial dependiente con fuertes inversiones en tecnología norteamericana que generó una clase obrera y una juventud combativas. A partir de la invasión norteamericana de 1989, el consenso de Washington y las políticas neoliberales desmontaron la industria y gran parte de la agro-industria. El cambio produjo una sucesión de gobiernos conservadores (1990-2017) que desarticuló a las organizaciones populares y logró desactivar la combatividad de la juventud.
La burguesía industrial panameña que surgió y prosperó entre 1935 y 1980 abandonó el sector manufacturero e invirtió sus capitales en el sector del capital financiero. La banca panameña sustituyó la industria como la ‘locomotora’ de la economía capitalista. Las reformas a los tratados del Canal con EEUU en 1936 y 1955 le dieron un fuerte impulso a la industria. Se suponía que el Tratado del Canal Torrijos Carter (1977) – sin incluir el de Neutralidad – le daría el impulso que necesitaba al sector industrial para ser competitivo. La consigna de Torrijos de darle el “uso más colectivo” a los ingresos del Canal fue reemplazado dos veces después de su muerte violenta en 1981. La primera vez por el general Noriega, quien entre 1983 y 1987, intentó transformar la ex Zona del Canal en un centro para la formación de un Ejército. La segunda fue después de la invasión militar norteamericana, cuando Washington convirtió “el mercado como la herramienta fundamental para determinar la asignación de recursos” del Canal.
En la actualidad, la Autoridad del Canal de Panamá recauda anualmente US$3 mil millones que no pueden invertirse en proyectos de desarrollo nacional. En los próximos 5 años serán más de US$15 mil millones. Cerca de US$10 mil millones irán directamente a las arcas fiscales del gobierno. Están al servicio de las grandes empresas corporativas extranjeras que invierten en proyectos que van desde facilidades portuarias, ferroviarias, mineras, logísticas e inmobiliarias.
A falta de un proyecto de desarrollo nacional, el país no tiene visión de futuro. Ni siquiera puede aspirar a estudiar las ofertas que llegan al país. Empresas de China Popular lanzaron la idea de construir un ferrocarril ‘bala’ entre la ciudad de Panamá y la frontera con Costa Rica. Los gobernantes, a falta de visión, sólo atinaron a darles la bienvenida.
Es posible que estamos en la tercera y última fase de desarrollo capitalista. Urge que sectores amplios de la sociedad en forma organizada asuman la responsabilidad de tomar la dirección del país en el marco de un plan de desarrollo nacional.
19 de octubre de 2017.


Thursday, October 12, 2017

Los escándalos debilitan a los partidos tradicionales

La campaña política con miras a las elecciones presidenciales de mayo de 2019 aún no arranca. En el pasado, para estas fechas, los partidos tradicionales ya habían lanzado sus candidatos y pre-candidatos quienes buscaban las mejores posiciones para consolidar sus aspiraciones. Usualmente, gana la candidatura el político con mayor ‘carisma’, con las finanzas más ‘boyantes’ y con el respaldo de la Embajada de EEUU.

El orden de importancia de los factores es el inverso al expuesto más arriba. La Embajada de EEUU siempre apoya el candidato que se inclina con más entusiasmo hacia la política de Washington. (Esta realidad no es exclusiva de Panamá). Los informes políticos de los agentes norteamericanos son tomados muy en cuenta por EEUU. En 2009, la candidata del Partido Revolucionario Democrático (PRD) fue vetada por la Embajada que no consideró a Balbina Herrera de su confianza.
Por el lado financiero, los tres partidos de la elite panameña – el Partido Panameñista (en el gobierno actual), el Partido Cambio Democrático (2009-2014) y el PRD (2004-2009) – han logrado establecer una base financiera que aparenta solidez. El poder económico en Panamá está distribuido en el sector bancario, logístico e inmobiliario. Siguen según su importancia los empresarios comerciales, agroindustriales e industriales. Los partidos tradicionales necesitan el sector financiero, pero éste – en cambio - no depende de esas organizaciones políticas. En las últimas elecciones (2014) se especula que un magnate de las finanzas, quien también está vinculado al gran capital logístico y comercial, contribuyó al triunfo del actual Presidente de la República.
La falta de figuras políticas que puedan convencer a los sectores que conforman el poder económico del país explica la falta de entusiasmo por parte de los medios de comunicación para agitar candidaturas. Recientemente el Tribunal Electoral logró aprobar una ley que reduce la campaña formal a unos pocos meses. Eso no quiere decir, sin embargo, que no se pueda iniciar una campaña que levante el perfil de los candidatos que se consideran más ‘carismáticos’. Nadie nace con carisma. El carisma se construye. Los ejemplos más emblemáticos durante el siglo XX fueron el presidente Belisario Porras, quien hace cien años llegó a la Presidencia sobre la base de su liderazgo durante la Guerra civil de los Mil Días. También Arnulfo Arias triunfó en 1940 por su arrojo durante el golpe civil de 1931 que lo catapultó en los ojos del pueblo panameño. Igualmente, Omar Torrijos logró encabezar un movimiento nacionalista gracias a las negociaciones exitosas frente a EEUU (1977) que culminó con la desaparición del enclave colonial y la transferencia del Canal de Panamá.
La elite panameña actualmente no tiene figuras carismáticas. Han tratado - con resultados negativos – de levantar perfiles asociados a la invasión militar de EEUU de 1989. Ya han salido a la palestra algunos candidatos a la Presidencia que se declaran independientes (no vinculados a los partidos políticos tradicionales). Los independientes con más posibilidades basan sus propuestas en la corrupción que identifica a los partidos de la elite panameña. Creen que el pueblo está cansado de los abusos de los partidos políticos y se volcará a favor de un candidato ‘sin tachas y honesto’. Pero incluso los candidatos independientes tienen que tener el aval de la Embajada, un respaldo económico y carisma. Quizás hay algunos con uno de los atributos mencionados pero le faltan otros.
En 2014 se lanzó Juan Jované como candidato independiente sobre la base de su carisma y honestidad, con un programa popular. Pero le faltaron los otros factores. Jované habría instaurado un gobierno con un plan de desarrollo nacional y erradicando la corrupción. La propuesta que sin duda era la mejor no encontró eco entre la elite del poder y mucho menos en la Embajada. En 2019 volverá a la palestra el Partido Frente Amplio por la Democracia (FAD), que levanta como bandera las luchas sindicales y campesinas (sin excluir a las estudiantiles) de los últimos 70 años. El discurso del FAD no logra penetrar la coraza que la oligarquía panameña ha construido en torno a los sectores populares.
Los partidos tradicionales, sacudidos por los escándalos de corrupción, carecen de un plan de gobierno desde hace 25 años. La elite ahora tiene la esperanza de que los chinos traigan dinero fresco. El pueblo panameño, sin embargo, no quiere promesas de dinero. Quiere un gobierno con un plan que garantice desarrollo y empleo decente (formal) para todos los trabajadores.
12 de octubre de 2017.

Thursday, October 5, 2017

La revista TAREAS hace un análisis crítico del país

El primer número de la revista TAREAS apareció en octubre de 1960. Apenas 57 años después, hizo su aparición el N°157. En su sección “Sociedad y Nación” trae cuatro artículos que se refieren indirectamente a la actual crisis de legitimidad que atraviesa el país. En primer lugar, un trabajo de Marco A. Gandásegui, hijo, sobre las 6 elecciones que ha realizado Panamá desde la invasión militar norteamericana de 1989. Cada una ha sido presidido por un triunvirato partidista que heredó los mecanismo electorales que controla EEUU. Los partidos políticos se turnan en la Presidencia y en la repartición de las riquezas que produce el trabajo de los panameños. Todo intento por romper el círculo vicioso es neutralizado por una intervención extranjera oportuna.

Un segundo  artículo, es una reivindicación de la identidad panameña desde los tiempos coloniales hasta el presente. El historiador Alfredo Castillero Calvo deja muy claro que la ‘leyenda negra’ inventada por los ingleses para deslegitimizar la capacidad de los españoles para gobernar las colonias, es falsa y malintencionada. Utilizando casos muy concretos, demuestra como los españoles (y los panameños que muchas veces dirigían los regimientos) derrotaban a los agentes de la corona albión.
En la misma sección, el sociólogo y crítico, Luis Pulido R., rescata la obra de Joaquín Beleño, representante de una generación que dominó ideológicamente a los panameños a mediados del siglo XX. La hegemonía de la modernidad, expresada en Beleño y otros autores, que dio lugar a la recuperación de la soberanía sobre todo el territorio panameño, fue derrotada en 1989 bajo las bayonetas norteamericanas y la militancia de la oligarquía cuya ideología ‘transitista’ y rentista salió triunfante.
Por último, la historiadora, Vilma Chiriboga, nos muestra un mundo desconocido de nuestra formación social que es el ordenamiento social existente en la Zona del Canal de Panamá a principios de siglo XX. La ‘Zona’ existió entre 1904 y 1979. Chiriboga nos introduce en el sistema educativo que formaba parte de la socialización de las adolescentes y jóvenes. El sistema militar imperante (durante toda la historia de la ‘Zona’) era muy estricto y las jóvenes eran educadas dentro de un régimen de control social. En parte, estos valores se transmitieron al sistema escolar panameño en la primera mitad de ese siglo.
TAREAS trae a sus páginas el centenario del acontecimiento político que más impacto tuvo sobre el siglo XX: La Revolución rusa. “Las tesis de abril” destaca el pensamiento de Lenin, líder de ese proceso, quien ante situaciones cambiantes lleva su partido ‘bolchevique’, los ‘soviet’ y al pueblo ruso al poder. Complementan “Las tesis de abril”, dos artículos de David Priestland y Tariq Alí, respectivamente.
En la sección dedicada al bicentenario del jurista panameño del siglo XIX, Justo Arosemena, otro historiador, en este caso Fernando Aparicio, hace una certera crítica a la obra del autor, El Estado federal.
Arosemena advirtió, según Aparicio, que la modernización de la ruta no habría de brindar al Istmo la prosperidad que se esperaba sino que, por el contrario, traería consigo nuevos problemas  y amenazas. Por ello, “añadió dos nuevos elementos: la necesidad de promover la producción y la urgencia de denunciar el anexionismo norteamericano, preservando la autonomía y la personalidad del Istmo”.
En la sección “Tareas sobre la Marcha”, se publica una entrevista que el joven filósofo, Abdiel Rodríguez, le hace al joven sociólogo, Azael Carrera. Es un encuentro de dos valores nuevos que seguramente revolucionarán las ciencias sociales en un próximo futuro. En esta sección también se publica la poesía de Amelia Denis de Icaza sobre Victoriano Lorenzo. Una pieza magistral creada casi al calor de los acontecimientos que condujeron al fusilamiento del líder coclesano en acto traicionero de liberales y conservadores en mayo de 1903.
El número 157 de TAREAS cierra con una reseña de Aristeides Turpana, filósofo guna y profesor de español, sobre la ‘celebración’ de la pubertad en ese pueblo originario que describe el antropólogo norteamericano, James Howe. Al final se incluye un comunicado de la Defensoría de los Universitarios (de la Universidad de Panamá) denunciando la violación de la autonomía universitaria en un acto más de violencia por parte de la Policía Nacional.
La presentación de la revista TAREAS N°157 está programada para noviembre de 2017. Para esa ocasión se seleccionarán, entre los intelectuales más destacados del país, quienes harán los honores. Todo el público está invitado, especialmente los más jóvenes.
5 de septiembre de 2017.





Thursday, September 28, 2017

Trabajadores y sindicatos en el Canal de Panamá


Se ha desatado un debate en el país en torno al Canal de Panamá y los trabajadores que allí laboran. Por un lado, los críticos de los niveles salariales que existen en la Autoridad del Canal de Panamá (ACP), señalan que deben reducirse los emolumentos que se pagan a esos trabajadores. Por el otro, la gerencia de la ACP plantea que se pagan salarios correspondientes a la productividad de los obreros, empleados y técnicos. Lastimosamente, el debate no refleja la realidad y, mucho menos, los intereses del país.
Los trabajadores de la ACP reciben salarios que triplican o más la media predominante en el mercado de trabajo nacional. Obviamente, no son más ‘productivos’ que los trabajadores del resto del país. El aseador, la secretaria o el pasa-cable de la ACP no es mejor que aquellos de otras empresas. En realidad, no hay como comparar la ‘productividad’ del pasa-cable o de los pilotos y prácticos del Canal en Panamá. No existe otro Canal. Podemos comparar los salarios con los trabajadores del Canal de Suez, del rio St. Lawrence (Canadá) o de Kiel (Alemania). Interesante sería compararlos con los especialistas que navegan sobre las esclusas de la gran represa china de Las Tres Gargantas
Pero veamos cuál es la realidad y cuáles son los intereses nacionales. En 2000 los trabajadores de la ACP comenzaron a trabajar con una escala salarial negociada por los sindicatos norteamericanos frente a la entonces Comisión del Canal de Panamá (PCC). Los trabajadores de EEUU recibían un 25 por ciento adicional de ‘estimulo’ por laborar en un medio tropical. (Un residuo del racismo norteamericano que aún prevalece donde ellos se encuentren). En el transcurso de los 17 años que han transcurrido desde que el Tratado del Canal (Torrijos-Carter) de 1977 caducó y la vía es administrada por el gobierno panameño, los salarios en EEUU han aumentado a un ritmo mayor que los de la ACP.
Los salarios de los trabajadores de la ACP habrían colapsado si no fuera por los sindicatos que defienden sus conquistas. En la actualidad, hay siete sindicatos en la ACP. Cada uno tiene poder negociador, unos más otros. Quizás el más poderoso es el sindicato de los prácticos (pilotos que guían los barcos por el Canal de 80 kilómetros entre océano y océano y navegan por las esclusas). Una protesta o paro de éstos paralizaría los tránsitos por el Canal en forma instantánea. La fuerza verdadera de este sindicato, sin embargo, está en su asociación con las organizaciones sindicales internacionales. Una queja de los trabajadores del Canal encuentra un eco inmediato en todos los puertos del mundo.
Hay cuatro organizaciones sindicales en la ACP que agrupan cerca de 2000 trabajadores. Estas son  la Unión de Prácticos del Canal de Panamá (UPCP), la Unión de Ingenieros Marinos (UIM), la Unión de Capitanes y Oficiales de Cubierta (UCOC) y el Sindicato de Bomberos del Canal (IAFF). También hay tres sindicatos que agrupan a 8 mil trabajadores llamados no profesionales. Estos se agrupan en la Unidad Negociadora de Trabajadores No Profesionales que representa una coalición integrada por el el Panama Area Metal Trades Council , el National Maritime Union y el Sindicato del Canal de Panamá y del Caribe. Estos tres sindicatos representan el 80 por ciento de los 10 mil empleados de la ACP.
Quizás donde se podrían reducir salarios sería entre los ejecutivos que llegaron a la ACP en los últimos tres lustros. Más aún, se podrían eliminar los privilegios de los miembros de la junta directiva.
Más importante que los salarios de los trabajadores - para el debate nacional - es lo que entendemos por el Canal y su contribución al desarrollo del país. El próximo año fiscal por concepto de peajes, la ACP recibirá US$3 mil millones. De ese total, US$1.6 se destinará directamente al fisco para integrarse al presupuesto del gobierno nacional. Esos recursos no serán incorporados a un plan de desarrollo porque no existe. La totalidad será gastada en importar artículos de lujo (autos, materiales de construcción, electrodomésticos y otros). También en importar rubros que deberían producirse en el país (arroz, frutas tropicales, vestimenta y otros).
Pensemos en el país y no en los salarios de los pocos trabajadores que están bien remunerados. ¿Cómo hacemos para que todos los panameños tengan salarios similares a los trabajadores del Canal? Invirtamos los recursos del Canal en un plan de desarrollo.

28 de septiembre de 2017.

Thursday, September 21, 2017

La corrupción y las elites políticas

Los gobiernos (o regímenes) se tambalean por causas internas. A menudo estas son abanicadas por intereses de otros países, especialmente potencias militares. Al contrario, también están los casos de gobiernos apoyados por potencias extranjeras que no logran sostenerse y caen estrepitosamente. (Casos de Batista en Cuba, 1959, y Somoza en Nicaragua, 1979, entre otros). Quizás el elemento que se asocia más con el desmoronamiento de un régimen es la corrupción. Quienes ocupan el poder una vez asociados con la corrupción se des-legitiman y pierden toda base de apoyo para sostenerse.
Quienes han escrito sobre la corrupción tienden a relacionar el problema con tres causas. Por un lado, señalan – equivocadamente – que es propio de la ‘naturaleza humana’. En otras palabras, así somos y no hay algo que pueda corregirlo. Por el otro, es una desviación en la conducta de quienes vivimos en sociedades que normalmente rechazan este tipo de comportamiento. Un planteamiento sin fundamento. Por último, hay quienes argumentan que la corrupción es el resultado del sistema en que vivimos y su necesidad de reproducirse.
Mario Unda, sociólogo ecuatoriano, señala que el sistema económico en que vivimos es corrupto por definición. Unda apunta a cinco causas de corrupción asociadas a la economía. Primero, el enriquecimiento por medio de los sobornos en “un período de recambio de elites políticos”. Popularmente se habla de ‘los nuevos ricos’. Segundo, se puede hablar de los ‘ricos’ tradicionales que corrompen todo lo que encuentran a su alrededor. La riqueza generada queda en manos de la empresa que corrompe (mediante los sobreprecios) y ‘la coima va al funcionario’.
En tercer lugar, “cuando una empresa paga un soborno para obtener un contrato, ese pago se convierte en una inversión destinada a desplazar y a sacar del juego a sus competidores”. Cuarto, “la corrupción es uno de los mecanismos de la afirmación y reproducción de las relaciones de dependencia”. En quinto lugar, la corrupción es uno de los mecanismos más recurridos para asegurar el reparto del plusvalor social entre el Estado y el capital privado”.
La corrupción es igualmente importante entenderla como un arma política. Mantiene unida a la elite de la sociedad, la que controla los medios de poder que van desde el gobierno, los aparatos represivos (policía y militares), el sistema educativo, los medios de comunicación y las iglesias. Según Unda, la función política de la corrupción “está relacionada con la formación, la ampliación y la reproducción de las elites políticas en la medida en que permite o facilita el establecimiento y el mantenimiento de redes verticales y horizontales que necesariamente se encuentran como sustrato de cualquier elite política. En su funcionamiento se mezclan con relaciones de clientela que ofician de intermediarias para el intercambio de beneficios (como el empleo, por ejemplo) por respaldo político. En conjunto con otros mecanismos (mejora de sueldos, etc.), la corrupción permite que la nueva elite se levante sobre su antigua posición social y adquiera nuevas posiciones de privilegio”.
Según Unda, “bien miradas las cosas, la corrupción es un mecanismo de mucha utilidad en el establecimiento de las relaciones de cercanía cotidiana que se requieren para la estabilización del bloque en el poder. Se trata de la presencia de lazos invisibles a los ojos del común de los mortales. Otra función política de la corrupción es prestarse para ser usada prácticamente en cualquier momento por cualquier actor interesado. En tanto arma ampliamente disponible, la corrupción ofrece - en momentos de crisis - chivos expiatorios fácilmente identificables por la ira popular.
La corrupción es parte de la lucha entre capitalistas y entre estos y otros sectores de la sociedad por apropiarse de las riquezas que se producen en una sociedad. En el caso de Panamá, es obvio que la enorme riqueza que generaron los Tratados del Canal (Torrijos-Carter) de 1977, desató una lucha entre los sectores productivos y rentistas del capital por el control de los aparatos de gobierno (represión y reproducción). Cuando el Canal de Panamá se traspasó al Estado panameño en 2000, la corrupción se hizo exponencial. Sin controles ni regulaciones, la corrupción se convirtió en la herramienta para definir nuevas alianzas entre los sectores dominantes. Los partidos políticos son las máscaras que utilizan para presentarse en público y celebrar elecciones.
El bloque en el poder (como lo llama UNDA) en Panamá ya no es el mismo que hace 25 años. ¿Podrá sostenerse o caerá des-legitimado?

21 de septiembre de 2107.

Thursday, September 14, 2017

Corea del Norte: Paz, desmilitarización y unificación


La crisis militar en la península coreana tiene más de 60 años. Es el resultado del fin de la segunda guerra mundial y la repartición del mundo por parte de los ejércitos victoriosos. Corea es una sola nación dividida en dos Estados. A principios del siglo XX fue colonizada por Japón. Derrotado el imperio del ‘sol naciente’ por EEUU (en 1945), éste se consideró heredero de la colonia coreana. Sin embargo, fuerzas de resistencia armada locales ya existían en la península y crearon su propio gobierno. A fines de la década de 1940, EEUU invadió a Corea y obligó a los ‘partisanos’ a retirarse poco a poco hacia el norte.
A principios de la década de 1950 intervino el Ejercito Rojo de China y detuvo el avance norteamericano en Corea. Las partes dividieron a Corea en dos repúblicas. El norte bajo el gobierno de una alianza popular (con el apoyo de China y la Unión Soviética) y el sur con un régimen plutocrático (ocupado militarmente por EEUU). Para alcanzar este objetivo, se firmó un cese de la guerra pero no un fin al conflicto (Tratado de Paz).
Lo más importante en este caso es tratar de entender que caracteriza – en la actualidad -el enfrentamiento entre la República Democrática de Corea (Corea del Norte) y EEUU. También analizar el papel de la República de Corea (Corea del Sur), China, Japón y Rusia.
Desde 1953, Corea del Norte pone sobre la mesa de negociaciones con EEUU tres puntos:
  1. La firma de un Tratado de Paz entre Corea y EEUU.
  2. La evacuación de todas las bases militares y tropas de EEUU de la península coreana.
  3. La unificación de las dos Coreas (Sur y Norte).
EEUU nunca ha aceptado sentarse a negociar con Corea del Norte. En años recientes, Corea del Sur ha mostrado interés en negociar con su contraparte del Norte pero ha sido desautorizado por Washington. ¿Qué proponen los políticos norteamericanos? Una rendición incondicional de Corea del Norte y su integración al Sur. Esto significaría una ocupación militar norteamericana del norte de Corea.
Una alternativa como esta es inaceptable por parte de Corea del Norte. Tampoco es bien vista por China y Rusia. Incluso, Japón y Corea del Sur tampoco apoyarían una solución de este tipo. Corea del Norte optó desde el fin de la guerra con EEUU, en 1953, por una defensa militar. Dejó en manos del los chinos y soviéticos (de aquel entonces) la diplomacia. Han pasado más de 60 años y EEUU no ha cambiado su posición: rendición o destrucción total.
Corea del Norte tampoco ha modificado sus propuestas: Paz, desmilitarización y unificación. Al mismo tiempo, ha promovido constantemente su preparación militar. A principios de siglo XXI entró en la carrera nuclear. En pocos años ha creado la capacidad de fabricar bombas de destrucción masiva y cohetes para transportarlas. Los coreanos del norte dicen que este armamento sirve como un disuasivo contra EEUU que tiene bases en Corea del Sur y Japón con capacidad nuclear. También tiene una Armada que rodea a la península con capacidad de destruir de un solo golpe a la parte norte.
China ha sido el aliado de Corea del Norte desde 1949. Rusia después de 1989 no ha abandonado su viejo aliado pero ahora lo hace más por razones geopolíticas. Japón no ve con buenos ojos la constante intromisión de EEUU en la región noreste de Asia. Es un juego geopolítico entre todas las potencias para controlar uno de las áreas más estratégicas - económica y militarmente – de la tierra. Como consecuencia de la segunda guerra mundial, se dividieron Alemania y Vietnam. Pero ya se reunificaron. Le falta dar el paso a Corea. Corea del Norte tiene que dar un paso adelante en el mundo diplomático y llevar su caso a la comunidad internacional. El mejor ejemplo de este tipo de diplomacia la dio Panamá en el siglo XX. Expulsó a las tropas norteamericanas de la ‘Zona del Canal’ y acabó con el colonialismo con una campaña mundial que terminó arrinconando a EEUU. Panamá también amenazó con el uso de la fuerza al señalar que el Canal de Panamá no podía sobrevivir en un país ocupado por fuerzas extranjeras.
Corea del Norte ha demostrado que tiene determinación, fuerza y una identidad inquebrantable. Ahora le falta ocupar el escenario mundial con su diplomacia.
14 de septiembre de 2017.

Thursday, September 7, 2017

TISA raya nueva cancha de ‘juego’ global


La sociedad panameña en su conjunto ha llegado a un punto de hastío muy desestabilizador al enfrentar la cadena de casos de corrupción continuos y sin interrupción desde hace varios lustros. Los tres órganos del Estado – Ejecutivo, Legislativo y Judicial – se encuentran permanentemente envueltos en escándalos que han deslegitimado los aparatos de gobierno y a una clase social que se ha enriquecido deshonestamente.
Con motivo de los casos más recientes, las organizaciones populares decidieron salir juntos para rechazar la corrupción y la impunidad que pretenden imponer los gobernantes.  A las cuatro de la tarde se concentrarán frente a la Asamblea Nacional de Diputados para marchar hacia la Corte Suprema de Justicia. Organizaciones sindicales, empleados, estudiantes, mujeres y la sociedad panameña marcharán para denunciar la situación con una demostración masiva de protesta.
En la actualidad, hay un expresidente detenido en EEUU, también hay exministros privados de libertad, enjuiciados o prófugos. Igualmente, hay muchos empresarios que esperan que llegue la justicia a sus puertas.
El presidente Juan C. Varela está consciente del desmoronamiento que experimenta el tejido social del país, pero es incapaz de tomar medidas correctivas. El Tratado de Libre Comercio ha arruinado empresarios agrícolas y pequeños productores. Además, ha cerrado empresas y generado un desempleo galopante (encubierto en el mal llamado ‘empleo informal’). En Barú (tierras de producción bananera) se quiere expulsar a 800 familias de sus parcelas. En la ciudad de Colón se está desplazando a miles de familias para limpiar un área que pretende convertir en Zona Libre. En el área más poblada de la ciudad de Panamá – Juan Díaz – las inundaciones provocadas por los rellenos de los manglares para construir urbanizaciones ‘cerradas’ están perjudicando a más de 20 mil familias. Todos estos casos y muchos más son el producto de colusiones entre gobernantes (a todos los niveles) y empresarios que se reparten los sobre costos y las coimas para que todos miren en la otra dirección.
Los gobernantes aseguran que entramos en una nueva era: la globalización. Gracias a esta nueva forma de generar ganancias a escala mundial, los países como Panamá deben competir para ser los primeros en arruinarse. Las políticas neoliberales y el despojo generalizado son los métodos que permitirán hacer realidad la globalización.
Es una lástima que la clase social que gobierna el país y comparten las riendas con el capitalismo internacional no tengan idea de lo que realmente está viviendo el mundo.
En lugar de asumir una posición agresiva a escala global – aprovechando la posición geográfica del país – los gobernantes y los capitanes de la clase financiera extienden la mano hacia las corporaciones extranjeras pidiendo algunas migajas.
Nuestro gobernantes le dan la espalda a la historia y nos hunden cada vez más en un hoyo del cual será muy difícil salir. Después de una larga espera hizo su aparición TISA (Trading in Service Agreement), tratado internacional impulsado por EEUU que pretende homogenizar (globalizar) todos los intercambios comerciales – mercancías y servicios – a escala global. El gobierno panameño recién publicó una Resolución mediante la cual las corporaciones extranjeras (mal llamadas ‘multinacionales’) pueden operar en el país sin las regulaciones que controlan sus desafueros.
La Resolución no corresponde a legislación alguna e, incluso, riñe con la Constitución Política. La Resolución deja sin protección a los trabajadores de cuello blanco. La Resolución también abriría a las universidades oficiales del país a la competencia extranjera.
TISA fue concebido por el grupo de los siete países (G-7) más poderosos en el mercado capitalista mundial. Junto con el Banco Mundial y el FMI, descubrieron que existen nichos ricos que pueden explotarse en forma ventajosa. TISA tiene como objetivo borrar todas las fronteras nacionales de los llamados países ‘periféricos’ en el mundo: la globalización.  El gran capital financiero que opera a escala global pretende ampliar los márgenes de las ganancias de los inversionistas de los países llamados ‘centrales’. 
La extracción de las riquezas de una región o de los países periféricos depende de la mano de obra disponible y el nivel de desarrollo de esa fuerza de trabajo (el llamado ‘capital social’). A diferencia de las mercancías (commodities) no humanas (alimentos, minerales y otros bienes de bajo valor agregado) que no protestan si son manipuladas o trasladadas a distintos países, los seres humanos que son portadores de mano de obra o fuerza de trabajo si protestan y se movilizan si son objeto de abusos.

7 de septiembre de 2017.