Thursday, June 22, 2017

La visita de Varela a Washington         

Marco A. Gandásegui, hijo, profesor de Sociología de la Universidad de Panamá e investigador asociado del CELA
La reunión entre los presidentes Juan Carlos Varela y Donald Trump, de Panamá y EEUU, respectivamente, resultó ser más que todo protocolar. No se preparó un comunicado que planteara alguna posición nueva que cambiara la relación entre los dos países. Panamá continuará administrando el Canal de Panamá en el marco de los Tratados Torrijos-Carter (1977), el gobierno panameño continuará comprando a EEUU armamentos y entrenamiento militar para el Servicio Nacional de Fronteras y el Servicio Nacional Aeronaval creados para la llamada “guerra contra las drogas” y el gobierno continuará colaborando en los planes de ‘seguridad’ hemisférica de EEUU.
Es en torno a estos dos últimos puntos que giran las especulaciones que se hacían en torno a la visita de Varela a la Casa Blanca. Por un lado, el posible interés del gobierno de Trump de tener bases militares en el istmo. Por el otro, el interés de Washington en que Panamá se entusiasme más en la ‘operación pinzas’ contra Venezuela. También se especulaba que a EEUU le interesaba asumir un papel en la administración de la vía interoceánica, reducir el comercio entre Panamá y Cuba (de paso con Venezuela también) e intervenir en el caso del expresidente Martinelli que espera su extradición en Miami. Estas suposiciones parecen que eran meras especulaciones, sin fundamento.
En sus primeros 30 meses en la Presidencia, Varela cooperó con el entonces presidente Obama para abrir canales de comunicación con Cuba. En la Cumbre de las Américas celebrada en la ciudad de Panamá se efectuó la histórica reunión entre el presidente Raúl Castro y Obama. La Zona Libre de Colón también ha servido para promover el comercio entre los dos países enemistados desde hace más de medio siglo. La decisión de Trump de ‘engavetar’ los avances de Washington en sus relaciones con Cuba parece que pone fin a cualquier papel que pudiera jugar Panamá en ese conflicto.
Obama representaba la facción ‘globalizante’ del establishment norteamericano que buscaba acabar con el bloqueo que asfixia la economía cubana, pero al mismo tiempo no le permite a sus exportadores aprovechar el mercado cubano. Trump tiene otra visión de las relaciones cubano-norteamericanas: Los votos electorales de Florida. Pensando en las elecciones de 2020, Trump quiere mantener ese estado de su lado.
El gobierno panameño no llevó una propuesta a la mesa que se sirvió en la Casa Blanca. Más bien, Varela utilizó la reunión como muestra de su capacidad de moverse en los círculos más importantes a escala global. Espera que su viaje eleve su aprecio popular en las encuestas locales. Antes de fin de año también se trasladará a China Popular, país con el cual acaba de establecer relaciones diplomáticas. EEUU y China son los dos usuarios más importantes del Canal de Panamá, producto de un intenso intercambio comercial marítimo.
El gobierno norteamericano señaló que en las conversaciones entre ambos mandatarios surgió el tema de Venezuela. Durante el gobierno de Obama, Washington declaró a Venezuela ‘un peligro para la seguridad nacional’ de EEUU. Trump mantuvo esa posición. Sin embargo, la Casa Blanca se ha mostrado menos militante en su campaña por derrocar el gobierno bolivariano que preside Nicolás Maduro. En cambio, el presidente Varela quien era un defensor de la búsqueda del diálogo entre gobierno y oposición en Venezuela, en el reciente cónclave de la OEA se cuadró con los ‘duros’ que exigían un pronunciamiento radical en contra del gobierno de Maduro.
La posición de Panamá frente a la ofensiva de la OEA contra Venezuela es consecuencia de algún tipo de arreglo con EEUU antes de la visita de Varela a Washington. Ambos presidentes anunciaron que en el transcurso de lo que queda del año se realizará en la capital panameña una reunión regional que trate los problemas de seguridad con la asistencia del vicepresidente de EEUU, Mike Pence. En el anuncio sólo se abordan problemas de EEUU. En primer lugar, el movimientos migratorio de los países del Triángulo Norte de Centroamérica hacia EEUU. También se mencionó la política de control del tráfico de drogas desde Colombia hacia el mercado norteamericano.
En los planes de Washington no aparecen las necesidades de los países de la región, comenzando por Panamá Trump ha sido lo suficientemente hábil para convertir los intereses de EEUU en los problemas de los países del Caribe y del resto de la región. Varela no presentó la agenda panameña. ¿Será que el gobierno no tiene?
22 de junio de 2017.
                

Thursday, June 15, 2017

Terrorismo hecho en ‘Lower’ Manhattan


Cada cierto tiempo, los aparatos de inteligencia gubernamentales de EEUU se acuerdan de Panamá y comienzan a agitar consignas desde sus fiscalías en Nueva York o Miami. La situación más reciente se refiere a la detención de dos personas por órdenes de la fiscalía del Distrito Sur de Manhattan (en Nueva York) acusadas de visitar la ciudad de Panamá en  2011 o 2012 para espiar a las embajadas de EEUU e Israel, así como el Canal de Panamá. El caso se pone mucho más grave ya que los acusados son asociados con Hezbola, declarado por EEUU como enemigo y - como consecuencia - grupo terrorista. Hezbola fue creado por el Líbano a fines del siglo pasado como fuerza paramilitar para liberar a la zona sur de ese país de la ocupación israelí. En la actualidad, trabaja junto con el ejército del Líbano y otros grupos armados contra las incursiones periódicas israelíes.
Los fiscales de Nueva York probablemente obtuvieron su información de la Embajada de EEUU en Panamá. La Embajada, a su vez, cuenta con agentes permanentes de la CIA entre su personal diplomático. Se especializan en crear situaciones que le permite a EEUU intervenir en el país huésped. Lo difícil de entender es porqué ‘desentierran’ a dos libaneses en Nueva York que visitaron Panamá hace 7 años para crear zozobra en torno a la seguridad de sus embajadas en Panamá. Aún más, regresamos al debate de hace 40 años cuando se negoció el Tratado del Canal: ¿Quién puede defender el Canal de Panamá? En aquella época Panamá se comprometió a hacerlo. Hasta la fecha ha cumplido con la misión. ¿Quiere EEUU poner fin a esa capacidad de los panameños para así intervenir directamente en los asuntos internos del país y en la seguridad de la vía interoceánica?
Cada vez que EEUU inicia una campaña soterrada de desestabilización tiene un propósito muy concreto. En 1941 separaron al presidente Arnulfo Arias de la Presidencia cuando éste le exigía a Washington un pago más sustantivo a cambio de permitir la instalación de más bases militares. En 1955 fue asesinado el presidente José A. Remón, colaborador militar pero también sospechoso de estar asociado a los negocios de las drogas de EEUU. En 1981 el avión en que viajaba el general Omar Torrijos se estrelló contra un cerro. En 1989, EEUU invadió militarmente Panamá con el supuesto de ‘arrestar’ al general Noriega, también asociado a las agencias de control de drogas del país del norte.
¿Qué persigue EEUU con el arresto de dos libaneses que asocia con actividades “terroristas” en Panamá? Además, apenas 10 días antes del viaje del presidente Juan C. Varela a la Casa Blanca para entrevistarse con Donald Trump. Aún no se ha informado sobre la agenda que discutirán los dos mandatarios. ¡Qué oportuna la detención de los libaneses en Nueva York! Veamos que puede estar detrás de la acción de los fiscales de ‘Lower’ Manhattan. Revisemos tres motivos:
En primer lugar, la Casa Blanca podría tener interés en incrementar su presencia militar en Panamá. Cumpliendo con los Tratados Torrijos Carter (1977), Washington ordenó evacuar su última base en Panamá en 1999. Desde aquella fecha, contrario a la Constitución y a la ley panameñas, EEUU y Panamá han construido 12 bases navales en ambos litorales. Además, crearon el Servicio Nacional de Fronteras. Al presidente Trump le sobran fondos para cualquier aventura militar. Le pidió al Congreso un aumento de $40 mil millones para el presupuesto militar.
En segundo lugar, Trump necesita crear un escenario espectacular a escala internacional y podría escoger a Panamá para ese propósito. EEUU escogió a  Panamá varias veces en el siglo XX.
Tercero, Trump envió la IV Flota a las costas de Venezuela y el Comando Sur organiza maniobras militares en la región amazónica con Colombia y Perú. Aparentemente Panamá también ha sido invitada. ¿Quiere convertir su oposición al gobierno del presidente Maduro en una guerra civil? ¿Seguirán Bolivia y Ecuador?
En este escenario tan complicado, reaparece el Canal de Panamá como pieza central. ¿Quiere Trump ‘tomarse’ la vía interoceánica como lo hizo su héroe Teddy Roosevelt hace poco más de cien años? Más del 70 por ciento de las mercancías que pasan por el canal de esclusas van o vienen de EEUU. No hay que olvidarse que detrás de los fiscales norteamericanos está el Ejército más poderoso del mundo.
15 de junio de 2017.


Thursday, June 8, 2017

La izquierda y la derecha en la política


La izquierda y la derecha son dos formas de hacer política. Los términos fueron acuñados con motivo de la convocatoria de la Asamblea Nacional en el contexto de la Revolución francesa hace 230 años. Los 500 delegados se reunieron en un gimnasio de Versalles (en las afueras de París). Los partidarios de la creación de la República se apostaron a la izquierda y los monárquicos a la derecha. Los que impulsaban los cambios y los que luchaban por conservar el pasado se enfrentaron en dos campos muy bien definidos. Ha pasado mucho tiempo y aún en muchos cuerpos legislativos en el mundo sus miembros toman las mismas posiciones: Los que promueven los cambios a la izquierda y los que quieren detener el progreso a la derecha.
En la actualidad, los términos siguen muy en uso, especialmente en América latina. En el siglo XX, la izquierda era asociada con las distintas variantes de socialismo donde los trabajadores jugarían un papel preponderante. La derecha, en cambio, se vinculaba con los proyectos capitalistas que promovían los sectores sociales asociados con las potencias imperialistas. La organización de la producción capitalista en la región latinoamericana fue impuesta a sangre y fuego. (En el resto del mundo fue igual). La política agro-minera exportadora tuvo que recurrir a la fuerza, con gobiernos de derecha de corte militar o civil. Igual ocurrió con la instalación de gobiernos que promovieron la industrialización mediante la sustitución de importaciones.
A fines del siglo XX, con el agotamiento del crecimiento capitalista a escala mundial, se adoptaron políticas neoliberales (es decir, una renovación de las políticas liberales anteriores). La derecha se recicló y asumió un papel también renovado con gobiernos represivos. La izquierda – en gran parte de la región - estuvo durante un par de décadas o más resistiendo o conteniendo la ofensiva neoliberal promovida por una derecha insaciable. A fines del siglo pasado y principios del actual surgieron alternativas de izquierda cuyo discurso era en contra de las políticas neoliberales y a favor de alternativas que favorecieran a los sectores más pobres de la población.
La izquierda no planteaba transformaciones radicales, más bien proponía una redistribución parcial de las enormes riquezas que producían los trabajadores de cada país. La derecha se opuso a estos cambios y logró con éxito derrocar los gobernantes de izquierda en Paraguay, Honduras y Brasil. En otros países como Argentina, Uruguay y Chile se desarrollan políticas neoliberales.
Según las definiciones más acertadas, “la ideología neoliberal se sustenta en la creencia de que los mercados abiertos, competitivos y ‘no regulados’, representan el mecanismo óptimo para el desarrollo socioeconómico”. Cualquier gobierno que disiente de un programa que no sigue esta línea es considerado dictatorial y totalitario por la derecha en Washington y en la región.
Es en este marco que hay que analizar el conflicto ente la derecha y la izquierda a principios del siglo XXI. Nik Theodore y sus asociados señalan que “la reacción del mundo industrializado, aunque vacilante al comienzo, fue comenzar a desmontar los componentes institucionales básicos de los acuerdos de posguerra, para poner en marcha un conjunto de políticas orientadas a fortalecer la disciplina del mercado y la competencia”.
En países como Venezuela, Bolivia y Ecuador, la propaganda de la derecha (apoyada por EEUU) acusa a los gobiernos de dictatoriales  por no poner en primer lugar la ‘disciplina del mercado’. La izquierda es demonizada. Incluso, se buscaron viejos ‘izquierdistas’ para criticar a los gobiernos que proponían la construcción de Estados de bienestar a lo Keynes.
Recientemente, en torno a la violencia desata por la derecha (y Washington) en Venezuela, una carta de intelectuales supuestamente de izquierda criticó al gobierno chavista por sus errores administrativos. Sin embargo, no mencionó las tácticas terroristas de la derecha. Todos los ‘viejos’ izquierdistas, que se fueron a la derecha quedaron descalificados por sus exabruptos.
En la Asamblea Nacional, en el centro de la Revolución francesa, muchos delegados del ‘llano’ y de la ‘montaña’, que conformaban la izquierda, se pasaban a menudo al lado de la derecha, formada por nobles y burgueses. También se daban casos de deserciones de la derecha para enriquecer las filas de la izquierda. No hay que perder de vista, sin embargo, que la izquierda quería la República y no la monarquía. Igual en el siglo XXI, la izquierda lucha por una democracia participativa. En cambio, la derecha defiende el neoliberalismo. 

8 de junio de 2017.

Thursday, June 1, 2017

La revista TAREAS: incertidumbre e ingobernabilidad


Esta semana comenzó a circular la revista TAREAS con su número 156 (mayo-agosto de 2017), dedicada al análisis de la realidad nacional y los problemas que afectan al mundo. TAREAS fue fundada en 1960 por el intelectual panameño Ricaurte Soler y un grupo de jóvenes socialistas que soñaban con un cambio social radical en Panamá y América latina. Desde aquella fecha, el mundo ha cambiado y la realidad panameña es otra.
El número 156 de la revista aborda ambos problemas que aún buscan soluciones en forma urgente. La presentación cita al periodista Raúl Zibechi, quien señala que “la desarticulación geopolítica global se traduce en América latina en una creciente ingobernabilidad que afecta a los gobiernos de todas las corrientes políticas. No existen fuerzas capaces de poner orden en cada país, ni a escala regional ni global”. Zibechi sostiene que “el dato central del período es la ingobernabilidad. Tres razones de fondo están en la base de esta situación crítica”.
La primera es la “creciente potencia, organización y movilización” de los de abajo, de los pueblos indios y negros, de los sectores populares urbanos y los campesinos, de los jóvenes y las mujeres. La segunda es “la aceleración de la crisis sistémica global” y la desarticulación geopolítica, expresada en el Brexit y la evaporación de la Unión Europea, la elección de Donald Trump y la persistencia de la alianza Rusia-China para frenar a EEUU. La tercera consiste en la “incapacidad de las élites regionales” de encontrar alguna salida capaz de integrar a algunos sectores de los trabajadores y cierta soberanía nacional.
La ingobernabilidad se relaciona con la incertidumbre. Hace apenas algunos años, la mitad de los gobiernos nacionales de la región eran caracterizados como progresistas. La reacción neoliberal fue contundente, socavando los experimentos que intentaban incluir sectores cada vez más amplios en los procesos sociales y económicos. ¿Es irreversible la tendencia o se recuperarán las organizaciones populares para reconquistar los espacios políticos?
La revista TAREAS reunió tres artículos - para presentar a sus lectores - que abordan el problema de la ingobernabilidad y la incertidumbre. Por un lado, los economistas Orlando Caputo y Graciela Galarce analizan el impacto de la crisis global sobre América latina.  Atilio Borón y Paula Klatcko exploran el significado del llamado ‘post progresismo’ que algunos señalan como signo de nuestros tiempos. Por último, Claudio Katz rescata las nociones sobre la dependencia que vincula estrechamente los procesos sociales en la región con las crisis de las potencias globales.
En la sección ‘Sociedad y Ambiente’, la revista TAREAS presenta el trabajo de Manuel Zárate sobre el agua en Panamá y la crisis del agro. Zárate sostiene en su análisis que Panamá ocupa un lugar importante en “la intensa socialización mundial de la producción (de agua) que nos asigna el rol logístico en el mapa geo-económico del planeta”. El artículo destaca el déficit de políticas públicas destinadas a equilibrar su distribución. A su vez, la profesora de Sociología, Keila Rodríguez, se pregunta “cómo son reconocidos los problemas ambientales en el imaginario social de los diferentes grupos sociales que conforman la sociedad”. Concluye que “la selección obedece a intereses económicos y ha sido generalizada en detrimento de la administración prioritaria de otros riesgos”.
En 2016 culminaron las obras de la ampliación del Canal de Panamá. William Hughes hace un examen cuidadoso sobre los costos, la justificación y el beneficiario del enorme esfuerzo. Su estudio arroja como resultado que “el proyecto no es rentable”. Además, sólo es justificable si se admite que EEUU es el principal usuario de la vía acuática. Hughes puntualiza señalando que “no importa – por tanto – si el proyecto es o no es rentable. De lo que se trata – para los usuarios – es que la vía introceánica siga funcionando a cualquier costo”.
La revista TAREAS rescata el bicentenario de Justo Arosemena (1817-1895), pensador liberal crítico, autor del Estado Federal y figura política cuya actividad atraviesa el siglo XIX. Su obra jurídica, política, sociológica la complementó con incursiones en la física. Eduardo Flores, actual rector de la Universidad de Panamá y profesor de física, explora esta faceta del ‘prócer’.
En la sección “Tareas sobre la Marcha”, el escritor y profesor universitario, Rafael Ruiloba, contribuye con un acercamiento crítico a la obra del “poeta nacional” Ricardo Miró. También se publica un extracto de la poesía ‘Mi alma tiene prisa’ del poeta brasileño Mario de Andrade.
1 de junio de 2017.


Thursday, May 25, 2017

La transición hacia el post-neoliberalismo


En el caso de Panamá los sectores capitalistas dominantes no son concientes de que la ideología y políticas neoliberales ya se superaron. Pruebas internacionales al canto: Trump, Brexit y el estancamiento global. El llamado ‘consenso de Washington’ se sumergió en un pantano del cual nunca reapareció. Los especuladores y quienes despojan el país de sus riquezas creen que el neoliberalismo sigue siendo un buen disfraz ideológico para sus abusos. El problema no es sólo de la clase gobernante – en el poder desde la invasión militar norteamericana en 1989 -, también afecta a los demás sectores del país.
¿Qué se entiende por neoliberalismo? Comencemos por lo más sencillo, ¿qué es liberalismo? Es el ‘libre comercio’. Es la ideología que promovía la libertad de la circulación de mercancías en un Estado, eliminando el cobro de tributos por parte de los terratenientes y también de la Iglesia. Esta conquista de los capitalistas fue alcanzada en muchos casos en el siglo XIX y en otros en fechas más recientes. El neoliberalismo da un paso adicional. En la lucha por liberar el flujo de mercancías, quedaron regulaciones, empresas públicas y conquistas laborales. Igualmente, el ‘libre comercio’ se volvió un objetivo global, cruzando fronteras nacionales. El neoliberalismo pone fin a todos los residuos mediante la desregulación, flexibilización de los trabajadores y privatización de las empresas públicas. También promueve tratados de libre comercio.
El neoliberalismo como política se quebró con la llamada ‘gran recesión’ de 2008 que provocó una crisis de acumulación capitalista cuyos efectos aún se sienten, especialmente en EEUU y Europa. El sistema capitalista fue rescatado por una transferencia de fondos públicos (de los trabajadores) de millones de millones de dólares a los monopolios de la banca y de la gran industria. La transición hacia el post-neoliberalismo se estancó a mitad de camino. La economía capitalista centrada en los países más desarrollados no puede seguir estancada en forma indefinida. Por un lado, los sectores más ‘conservadores’ insisten en mantener sus posiciones ideológicas defendiendo el neoliberalismo. No se han dado cuenta que no existe. Por otro lado, las fuerzas ‘progresistas’ plantean la urgencia de socavar las políticas neoliberales. Pero ni uno ni otro son capaces de presentar alternativas.
Los sectores reaccionarios en Panamá insisten en decir que es necesario disminuir el tamaño del gobierno, de reducir los salarios de los trabajadores y darle más subvenciones a los empresarios. Tienen más de 25 años diciendo lo mismo y la estructura política económica del país sigue hundiéndose. Esta no es la solución.
Los gobiernos panameños desde el presidente Endara (1989) hasta el presente, han logrado privatizar casi todos los servicios públicos. La privatización más dañina fue la ley 51 de 2005 que privatizó los fondos de jubilación del seguro social. Los que fueron incorporados al llamado sector ‘mixto’ (seguros privados) se darán cuenta de la estafa al no recibir sus pensiones “individuales’ en la próxima década.
En la actualidad, el gobierno del presidente Varela hace esfuerzos para privatizar el servicio de agua potable del país. Los monopolios internacionales que están a la espera del anuncio de la concesión exigen que el Instituto de Acueductos y Alcantarillados Nacional (IDAAN) ofrezca condiciones más favorables. Están interesados, sobre todo, en comprar las fuentes de agua, para monopolizar el acceso al precioso líquido. Es probable que estén trabajando en un acuerdo similar al existente con la producción, trasmisión y distribución de la energía eléctrica privatizada hace dos décadas. En el caso del agua se crearían tres tipos de empresas. La primera sería la concesionaria de las fuentes de agua (los ríos), la segunda sería las plantas procesadoras del agua potable y la tercera la distribuidora a las industrias y hogares.
Las privatizaciones, desregulaciones y flexibilización no constituyen soluciones. Son precisamente el problema. ¿Cuál es la alternativa? Panamá tiene una ventaja sobre otros países. Desde 2000 cuenta con los ingresos provenientes de su posición geográfica privilegiada (Canal, puertos y otras) que le permiten invertir en el desarrollo de todos sus recursos nacionales (especialmente el recurso humano). Entre principios de este siglo y 2016 el producto interno bruto del país se multiplicó por diez. En 2016 llegó a  los 57 mil millones de dólares.
Si la pequeña elite que se amarra al poder político (y sus enormes beneficios) no es capaz de diseñar una estrategia para la transición hacia el postneoliberalismo, es necesario que otros sectores lo hagan con energía y rapidez.

25 de mayo de 2017.

Thursday, May 18, 2017

Panamá y “la Ruta de Seda”



La semana pasada se celebró en Pekín, China, el Foro para la Cooperación Internacional “Un Cinturón, Una Ruta”.  El debate se centró en “el desarrollo comercial y la construcción de infraestructura a lo largo de 7,500 km.  de extensión terrestre y más de 5,000 millas náuticas de ruta marítima”. Participaron 20 jefes de Estado y gobierno, 50 organizaciones internacionales, 100 ministros, 1200 delegados, académicos y empresarios de 110 países.
Entre todos estos países brilló por su ausencia Panamá. Desde hace 500 años el Istmo ha sido la ruta por excelencia del comercio entre los océanos Atlántico y Pacífico. En el siglo XX conectó las costas de EEUU, facilitó las exportaciones del Pacífico de Sur América al norte del Atlántico y le abrió los mercados del oriente norteamericano a la industria de Japón. En el siglo XXI, el Canal de Panamá es la única vía que comunica a China con las grandes ciudades del este de EEUU y la cuenca del río Misisipi.
La falta de una política marítima coherente impidió que Panamá participara en el foro convocado por Pekín. Sin embargo, Panamá se encuentra muy presente en la política marítima de China. Según la Agencia Noticias de Panamá, es probable que a corto plazo la empresa Shangai Gorgeous, invierta 1,800 millones de dólares en dos ‘megaproyectos’ en el área de Colón. El primero es un puerto de contenedores con 12 grúas y capacidad para manejar 2,5 millones de TEUS al año. Además, contempla el desarrollo de un parque logístico con una inversión de 900 millones de dólares.
Además, según la agencia Reuters, China participara este año en “una oferta de concesión que convocara la Autoridad del Canal de Panamá (ACP) para desarrollar 1,200 hectáreas de terreno recién descontaminadas que rodean la vía interoceánica”. El área era usado por aviones de guerra de EEUU para realizar ejercicios militares. Fueron contaminadas durante la ocupación militar norteamericana de Panamá en el siglo XX.  El administrador de la ACP, desde Shanghai, China, informó que firmas chinas están interesadas en las 1,200 hectáreas. Las empresas ‘China Communications Construction Corp.’, su subsidiaria ‘China Harbour Engineering Company’ y ‘China Railway Group’  fueron mencionadas por el funcionario de la ACP.
La concesión que indirectamente comunicaría a Panamá con la “ruta de la seda” sólo beneficiaría a los chinos y sus socios locales. A falta de una política marítima y un plan de desarrollo nacional por parte del gobierno panameño, no se sabe cómo beneficiarán al país las concesiones hechas a las empresas chinas. Forma parte de la política equivocada de Panamá establecida hace 20 años cuando subordinó la vía interoceánica y sus áreas ‘revertidas’ a la lógica del mercado ignorando las necesidades y el potencial de desarrollo del país.
Hace apenas unas décadas China era campo de exploraciones e inversiones de empresas extranjeras. No tenía una política propia, con objetivos definidos y planes que respondieran a una estrategia. Estaba igual que Panamá en la actualidad. Todo cambió con la Revolución china que puso a ese país oriental en el camino hacia el desarrollo. En 2016, el comercio entre China y los países ubicados a lo largo del “Cinturón y la Ruta” ascendió a 913 mil millones de dólares, las empresas chinas invirtieron más de 50 mil millones de dólares y participaron en la creación de 56 zonas de cooperación económica en 20 países a lo largo de la ruta. Las inversiones generaron 1,100 millones de dólares en ingresos fiscales y 180 mil empleos locales.
El plan es crear seis ‘Rutas de Seda’ (corredores económicos): el puente intercontinental eurasiático (que une el Atlántico con el Pacífico por tierra), el corredor China-Asia, el corredor China-Asia occidental (Oriente Medio), el corredor China-Indochina, el corredor China-Pakistán y el corredor India-China (que incluye Bangladesh y Myanmar).  La mayor incidencia global de esta iniciativa se despliega en el área financiera. China fundó, en 2015, el Banco Asiático de Inversión para Infraestructura (BAII). Según el periodista venezolano Sergio Rodríguez G., el ‘Cinturón y la Ruta’, así como todo el entramado financiero, están siendo utilizados por China para “exportar yuanes” que pretende posicionarla como moneda de reserva en el mundo. Los economistas Oscar Ugarteche y José Luis Cal de la UNAM, agregan que “la salida de EEUU del TPP beneficia directamente a China e impulsará el comercio con los países euroasiáticos en la Ruta de la Seda”.
Le urge al país un plan de desarrollo marítimo.

Thursday, May 11, 2017

“Al calor de un pretexto, como una chispa estallará”


Me encontré con Gisela Pérez-Polo, coordinadora general de la Alianza Estratégica Nacional (AEN) y marchamos juntos el 1 de mayo. La AEN es una organización combativa que desarrolla iniciativas en varios frentes sociales. Me informó que la noche anterior había tomado posesión de su cargo. También me aseguró que la posición que ocupa “es para servir y no para negociar por debajo de la mesa con los poderosos”.
Me hizo llegar un extracto del discurso que pronunció en el acto protocolar. Destacó la “crisis que golpea, en especial, a los trabajadores y, como nunca, a la clase media”. Señaló como “los poderes aprovechan para hacer negocios, burlando controles ambientales y atropellando comunidades: Barro Blanco, Barú, Alajuela, las áreas del Canal y Matusagaratí son los mejores ejemplos”.
La AEN reúne cerca de 500 organizaciones en todo el país. Su lucha atraviesa clases, asociaciones, reivindicaciones territoriales e invita a todos a luchar por sus derechos. Según Gisela, “los abusos solo los podremos enfrentar con organización, persistencia, unidad, solidaridad, con actitudes constructivas, dejando a un lado el personalismo y las discrepancias”.
La AEN se nutre de las luchas populares que dieron sustento a las políticas del general Torrijos en la década de 1970. “El país ya sabe que somos rebeldes. El desarrollo de la juventud es nuestra prioridad. Vivimos una crisis de nacionalidad y patriotismo y es la juventud que puede generar los grandes cambios en esa generación que, intencionalmente, la burguesía criolla con los partidos políticos enemigos del ‘proceso revolucionario’, urdieron la trama para defenestrar la Reforma Educativa. Premeditadamente lo hicieron… con el propósito de hacer la diferencia entre ricos y pobres… que la clase media no siguiera surgiendo y, borrar la memoria histórica, para así apoderarse de todo, como antes del (golpe militar de) 1968”.
Gisela hace un análisis de la situación panameña actual. Identifica dos clases sociales que están en lados opuestos: “De un lado, aquellos a quienes el poder adormece. A quienes por actuar en ambientes de beneficiados se hacen los sordos para no escuchar el clamor que se incuba y vibra como un presagio de tempestad. Del otro, estamos los que producimos este mismo clamor en la escuela, en el rancho desolado del campesino, en el taller sonoro del artesano, en el alma de la madre y en el seno de la juventud, en la mente del industrial y del comerciante. Clamor que va gestando ansiedad por una diferente forma de organización de la sociedad”.
El descontento aparentemente crece y los políticos no tienen intención alguna de cambiar los programas que han sido diseñados para despojar de sus riquezas y de sus esperanzas a los sectores más necesitados del país. Gisela señala que “los anhelos destrozados por el incumplimiento de los Gobiernos, los clamores de justicia no escuchados, van formándose metódica, silenciosa e inexorablemente, en nuevas concepciones de equilibrio. En diversas inquietudes de la voluntad hacia un sistema más adecuado y justo de la vida. Y cuando estos elementos irrumpen en un momento dado, el calor de un pretexto de apariencia insignificante, pero insondable y demoledor, como una chispa sobre materias inflamables, estallará”. El escenario pintado por la dirigente de la Alianza Estratégica debe llamar la atención del país, especialmente de quienes gobiernan.
Los gobernantes, sin embargo, muchas veces se creen por encima de los conflictos y las luchas sociales. No se dan cuenta que en cualquier momento pueden perder el control sobre la situación. La dirigente de la AEN se pregunta “¿qué produce estos estallidos? (Su respuesta es contundente:) El abuso, la corrupción, atropello, despojo e impunidad”. La marcha del 1 de mayo de 2017 fue la más grande de los últimos quinquenios. Los trabajadores de todas las variantes – obreros, empleados, jóvenes y mujeres – llevaban pancartas y consignas denunciando la corrupción y el abuso. Las columnas disciplinadas de los grupos que dijeron presente el 1 de mayo manifestaban su rechazo a los atropellos de los gobernantes que se repiten todos los días en los centros de trabajo, en los precios de los bienes de primera necesidad y en las comunidades. Los presentes y ausentes también clamaban por la unidad de los trabajadores. Unidad que crearía mejores condiciones políticas para negociar salarios, más escuelas, centros de salud y seguridad en las comunidades.
Hay dirigentes como Gisela en todo el país. Hay que apoyarlos en su lucha social para comprometer a todos los panameños.

11 de mayo de 2017.